"Feria del Pilar" una ópera bufa de Carlos Zúñiga perpetrada en Zaragoza
El último año de Zúñiga al frente de la Misericordia no ha sorprendido a nadie, y quizá eso es lo más triste. Entre rebaños de cabras y mansadas por la parte que toca a los ganaderos, las espantadas y trapazos de los coletudos y regalos y escándalos por parte de la presidencia culmina el espectáculo circense que durante su gestión Zúñiga ha conseguido interpretar con una regularidad asombrosa. Solo la ilusión de algunos por faenas con mas ganas de triunfo que razones hicieron en contadas faenas ondear pañuelos (y en menos de ellas fundamentado en el toreo) y alegrar asi a una afición frustrada. Frustrada por la gestión de una feria a la que ni a aficionados, diestros ni ganaderos genera expectación alguna y que se ha convertido en un monumento a la mediocridad en las mejores tardes y una oda al bombero torero en otras. Dos faenas demuestran que en Zaragoza se puede torear, siendo una la vigesimosexta puerta grande de Diego Ventura en una temporada en la que ni plazas, ni toros, ni nadie se han interpuesto en el éxito del jinete. La segunda más por una técnica y saber lidiar un astado que presentó grandes dificultades que por calidad del toro consiguio el triunfo Daniel Luque. Con calma, autoridad al negar la música que inoportunamente concedió el presidente en un alarde de ignorancia del reto que suponía el astado, un aviso durante la faena y una gran estocada claramente conmocionado tras sufrir una fea voltereta consiguió el coleta levantar al público y unas merecidas dos orejas y solo la enfermería le impidió salir a hombros del coso maño.
Solo queda esperar que lo que venga mejore, a peor es difícil ir, y que la nueva gestión de la plaza, sea quien sea, al menos tenga amor por la fiesta y respeto por los aficionados.